Cristofer Rosales noquea a japonés Daigo Higa contra todo pronóstico

El nicaragüense Cristofer Rosales estaba abajo 10 a 1 en las apuestas

El nicaragüense Cristofer Rosales protagonizó la primera gran sorpresa del año, al noquear al hasta hoy invicto japonés Daigo Higa, para agenciarse el vacante campeonato mosca del Consejo Mundial de Boxeo en la Arena Yokohama, en Japón.

Higa, que había dejado vacante el cetro de las 112 libras al fallar por dos libras en el pesaje del sábado, no se alcanzó a recuperar y Rosales aprovechó eso para imponer sus cualidades boxísticas en el ensogado para obligarle a la rendición, pues el noqueador japonés ya no pudo continuar, provocando que su esquina pidiera la detención cuando comenzaba el segundo minuto del noveno episodio.

Rosales estaba abajo en las apuestas por 10 a 1 ante Higa, que mantuvo hasta hoy un récord perfecto al dejar su récord en 15-1 con 15 nocauts por 27-3 y 19 nocauts del ahora nuevo campeón del mundo en la categoría de las 112 libras, cetro que por cierto ostentó también la leyenda nicaragüense Román ‘Chocolatito’ González.

En la batalla, desde el arranque, el ataque fue mejor rematado por parte del centroamericano que lanzó mejor sus combinaciones y aprovechó que Higa no estaba en su mejor forma física para irle mermando con buen golpeo a las zonas blandas sin dejar de cuidarse pues aún tenía peligro en los nudillos el japonés.

Después de cuatro rounds ya Rosales se mostraba con cierta ventaja en al menos dos tarjetas, y su marcha hacia el campeonato continuó porque a pesar de que Higa soltó candela, siempre estuvo ahí para responder en el toma y dame hasta que después de ocho asaltos ya tenía una ventaja sólida en dos de las tres tarjetas.

Para sorpresa de muchos, pero evidentemente por el desgaste físico y el castigo infringido, Higa intentó continuar en el noveno, pero al ver que ya sus respuestas eran pocas, su esquina pidió detuvieran la batalla y ahí se decretó la épica victoria del nicaragüense, entrenado por Wilmer Hernández, otrora entrenador de Román González.

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